El régimen alimentario es una parte importante de la prevención del cáncer y complemento de su manejo. El consumo de los tipos adecuados de alimentos antes, durante y después del tratamiento puede ayudar al paciente a sentirse mejor y conservar su fortaleza. A fin de garantizar una nutrición adecuada, el individuo debe comer y beber suficientes alimentos que contienen nutrientes fundamentales (vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, grasas y agua).
No obstante, en el caso de muchos pacientes, algunos efectos secundarios del cáncer y sus tratamientos dificultan la ingestión adecuada de alimentos. Entre los síntomas que interfieren con el comer, tenemos la anorexia, náusea, vómito, diarrea, estreñimiento, llagas bucales, problemas al tragar y dolor. Se observan repercusiones en el apetito, el gusto, olfato y la capacidad de comer los suficientes alimentos o absorber los nutrientes de los alimentos.

La malnutrición (falta de nutrientes clave) es una consecuencia probable, con lo cual el paciente se siente débil, cansado e incapaz de resistir las infecciones o tolerar los tratamientos del cáncer. El consumo de cantidades insuficientes de proteínas y calorías es el problema nutricional más común al que se enfrentan muchos pacientes de cáncer. Las proteínas y las calorías son importantes para la curación, la lucha contra la infección y el suministro de energía.
Un número de estudios publicados que crece con rapidez indica que algunos componentes alimentarios parecen ayudar a prevenir el cáncer y, a veces, facilitan incluso que el cuerpo lo combata si ya se padece la enfermedad. Estos elementos son lo que los investigadores llaman quimioprotectores. Entre ellos se cuenta un grupo conocido a menudo como antioxidantes.
Dos ejemplos son las vitaminas C y E, que se sabe poseen propiedades antioxidantes; se estima que operan evitando el deterioro del DNA. Si éste ya se encuentra dañado, incluso pueden ayudar a su reparación. Recuérdese que el daño a la estructura del DNA es el precursor para que las células se transformen de normales a malignas.
Tiene Ud. en su refrigerador la cura del cáncer? Es probable que no. Sin embargo, puede ser que algunos de los recursos más eficaces para ayudar a prevenirlo (o su recurrencia, si Ud. ha sobrevivido a la enfermedad) estén tan cercanos como su cocina.
El beta-caroteno, sustancia que otorga a algunos vegetales su color, como las zanahorias y los pimientos, y que el cuerpo convierte en vitamina A. Cuando se ingiere en estado natural (en un alimento rico en beta-caroteno, como los vegetales de hojas verdes, las zanahorias o los pimientos morrones), puede mejorar las reacciones del sistema inmune en el cuerpo al estimular una molécula que ayuda a que el sistema inmune localice y destruya las células cancerosas.





